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  • Gestión terminológica: qué es y por qué es importante para la calidad de la traducción

    53 minutes

    Veamos un caso que nos hemos encontrado en diferentes programas empresariales. Una empresa invierte varios meses personalizando un motor de traducción mediante IA para el contenido de su producto. Lo alimenta con datos de entrenamiento, lo integra en su sistema de gestión de la traducción y mide las mejoras de la calidad en diferentes combinaciones lingüísticas. Más tarde, descubre que el motor está traduciendo el nombre de su producto insignia de tres maneras diferentes en alemán. Nadie ha establecido qué traducción era la correcta.

    Esto es un error de gestión terminológica y corregirlo a posteriori sale caro, debido a que el error ya se ha propagado en todos los documentos a los que el motor está conectado.

    La gestión terminológica establece el vocabulario controlado que deben seguir tanto los traductores humanos como los sistemas de traducción mediante IA: de este modo, la terminología y las reglas de uso aprobadas se aplican de forma uniforme en todos los idiomas, mercados, dominios y tipos de contenido. Parece fácil, pero, en la práctica, la mayoría de las organizaciones subestima los requisitos que exige un programa de terminología funcional.

    Para aquellas empresas que aplican la traducción mediante IA a gran escala, los intereses siguen siendo elevados. Una base de datos terminológica bien construida ya no es una mera herramienta para garantizar la coherencia: en función de la arquitectura del sistema, puede admitir la personalización de modelos, guía terminológica durante la creación, comprobaciones de calidad automatizadas o la preparación de datos de entrenamiento y perfeccionamiento. Cuando un motor está personalizado con los datos del cliente, la calidad de la terminología se refleja directamente en la calidad de los resultados, pero no es el único factor relevante.

    Hemos integrado programas de gestión terminológica para clientes empresariales de las ramas de las ciencias de la vida, el derecho, la tecnología y la fabricación. En esta guía se explica lo que es la gestión terminológica y por qué funciona en la práctica.

    ¿Qué es la gestión terminológica?

    La gestión terminológica es el proceso de identificar y definir conceptos específicos por dominio, documentar sus designaciones aprobadas y aplicar reglas de uso para dichas denominaciones en los distintos idiomas, regiones y tipos de contexto.

    Terminología frente a vocabulario general

    No todas las palabra de un documento requieren gestión terminológica. Los traductores manejan el vocabulario general, el tejido conectivo del lenguaje, basándose en su juicio profesional.

    La gestión terminológica aborda un grupo específico: términos con un significado preciso en un contexto específico, términos que pueden diferir del uso general y términos que tienen una importancia normativa o de marca. Nombres de productos, términos que designan conceptos técnicos, descriptores regulados y expresiones específicas de marca. En estos términos es donde una incoherencia se paga cara.

    Si no se controlan, los distintos traductores pueden tomar decisiones diferentes. El mismo concepto aparecerá con distintas traducciones en diferentes documentos, plataformas y mercados. Esta incoherencia puede generar confusión, menoscabar el cumplimiento normativo y degradar la calidad de los motores de traducción con IA entrenados con esos datos.

    ¿Qué es una base de datos terminológica y cómo se estructura?

    Una base de datos terminológica es el repositorio donde se almacena la terminología controlada. Una base de datos terminológica bien estructurada suele basarse en conceptos: cada entrada conceptual puede incluir uno o varios términos en cada idioma, junto con definiciones, contextos, fuentes, estado de uso, campo temático, región y metadatos administrativos como el estado de aprobación. También puede registrar el estado del término, valores de uso como preferente, admitido, obsoleto y reemplazado, según se define en la norma ISO 12620; algunas herramientas añaden sus propias etiquetas, como prohibido.

    Una base de datos terminológica bien estructurada es mucho más que un simple listado bilingüe: es una base de conocimientos regulada que permite realizar consultas, que puede integrarse en herramientas de traducción y ofrece a los traductores y a la tecnología lingüística acceso a la terminología aprobada en el momento de tomar una decisión. En la práctica, los conceptos de glosario y base de datos terminológica suelen solaparse; por lo general, una base de datos terminológica ofrece una estructura más compleja, metadatos, reglas, interoperabilidad e integración en flujos de trabajo.

    Gestión terminológica en el contexto de la traducción y la localización

    La gestión terminológica interviene en la interfaz entre la calidad lingüística y la eficiencia operativa. Ayuda a evitar errores provocados por incoherencias, reduce el tiempo que los traductores invierten en buscar los términos correctos y ofrece unos datos terminológicos estructurados que los sistemas de traducción pueden utilizar cuando la integración específica los soporta.

    La conexión con la IA puede hacerse de varias maneras. Si un sistema de traducción automática o mediante IA ha sido personalizado para un cliente a través de ajustes, adaptación de campo temático, limitaciones terminológicas, instrucciones o medidas de procesamiento posterior, la base de datos terminológica puede ser un activo clave. Cuanto más completos, precisos y coherentes sean los datos terminológicos, mejor podrá configurarse el sistema para aplicar el lenguaje específico de la empresa, siempre que la arquitectura esté diseñada para utilizar dichos datos de forma efectiva.

    Por qué la gestión terminológica es importante para las empresas internacionales

    Incoherencias terminológicas como riesgo de calidad y cumplimiento

    En sectores regulados, una incoherencia terminológica no es simplemente un problema de calidad, sino que también puede suponer un riesgo de cumplimiento normativo.

    La etiqueta de un producto sanitario que utilice equivalentes incoherentes dentro de una versión lingüística o una terminología conceptualmente incoherente entre distintas versiones lingüísticas puede crear ambigüedad y riesgos normativos. Una presentación normativa farmacéutica en la que el nombre del fármaco aprobado se refleje de forma errónea puede generar preguntas, solicitudes de corrección y retrasos. El coste de corregir estos errores en múltiples documentos y mercados puede ser significativamente mayor que el de definir y validar la terminología antes de empezar el proceso de traducción.

    En una publicación rutinaria para redes sociales, la importancia de una incoherencia terminológica puede ser relativa. Sin embargo, en un documento de responsabilidad del producto, una reclamación regulada, una comunicación de seguridad o una solicitud normativa, esto mismo puede tener consecuencias jurídicas y financieras. El tipo de contenido y la función del término determinan el riesgo.

    Coherencia de marca en todos los idiomas y mercados

    Cada marca tiene su propio vocabulario: nombres de productos, descripciones de servicios, mensajes de marca y lenguaje de posicionamiento. Todos ellos encierran un significado que debe preservarse en los distintos idiomas. Controlarlos implica, en parte, decidir qué no debe traducirse: a menudo, las marcas comerciales y los nombres de productos se marcan como «no traducibles», y dejar constancia de esta condición, junto con cualquier transliteración y guía aprobadas sobre el comportamiento de dichos nombres en los idiomas con declinaciones es una decisión terminológica en sí misma.

    Si estos aspectos lingüísticos no se supervisan, las decisiones de traducción diferirán. El mismo producto se describirá de forma distinta, por ejemplo, en francés, español y chino simplificado. Diferentes traductores que trabajen de manera independiente podrán tomar decisiones razonables diferentes sobre el mismo término. Sin necesidad de que existan errores lingüísticos evidentes, el resultado acumulado será una marca con mensajes heterogéneos en cada mercado.

    La empresas que han invertido en construir una voz de marca saben que la gestión terminológica es lo que garantiza que esa voz sea auténtica en los distintos idiomas.

    Terminología jurídica y normativa: cuando la precisión no es algo negociable

    Los textos jurídicos y normativos pueden establecer requisitos específicos respecto al uso de determinados términos, plantillas o declaraciones. En el ámbito normativo farmacéutico europeo, las declaraciones de servicios financieros, la documentación de productos sanitarios y otros entornos regulados puede prescribirse o limitarse de forma estricta el uso de una terminología o formulaciones concretas. En el sector farmacéutico, por ejemplo, se espera que la información del producto siga las plantillas QRD de la AEM y declaraciones normalizadas, la terminología MedDRA para reacciones adversas y los términos estándar del EDQM (Directorio Europeo para la Calidad de los Medicamentos y la Asistencia Sanitaria) para las formas dosificadas, las vías de administración y envases. Las discrepancias con respecto a la terminología aprobada o requerida pueden suponer un riesgo normativo.

    La gestión terminológica en estos contextos no es una mera cuestión de preferencia. Se trata de identificar qué términos están prescritos, aprobados o controlados de algún otro modo en el marco del contexto relevante, para aplicarlos de forma coherente cuando sea necesario. Se trata de un tipo de vocabulario controlado distinto del lenguaje de marca, y las decisiones de alto riesgo requieren la perspectiva de personas que entiendan el marco normativo, así como el lenguaje.

    Reducción de costes mediante la reutilización de la base de datos terminológica

    La gestión terminológica puede generar un ahorro de costes acumulativo a lo largo del tiempo. Definir una serie de términos en una base de datos terminológica que se integra en herramientas de traducción permite a los traductores trabajar con mayor rapidez gracias a la visualización de equivalentes aprobados en tiempo real. Al combinar esto con textos propios controlados y memorias de traducción, la coherencia terminológica también puede mejorar la fiabilidad del contenido reutilizado y reducir el esfuerzo de revisión evitable.

    Para los programas de traducción mediante IA, la reducción de costes puede ser más directa si los controles terminológicos mejoran la calidad de los resultados y reducen el esfuerzo de posedición necesario por segmento. Por consiguiente, las inversiones en terminología pueden ofrecer beneficios en futuros proyectos, siempre que la base de datos terminológica se integre y mantenga de forma efectiva.

    Elementos centrales de un proceso de gestión terminológica efectivo

    Extracción de términos: cómo identificar qué debe controlarse

    El primer reto es saber qué términos deben controlarse. Una organización grande puede tener cientos de nombres de productos, conceptos técnicos, términos regulados y expresiones de marca dispersas a lo largo de años de contenido en múltiples formatos.

    La extracción de términos es el proceso de identificar de forma sistemática los términos susceptibles en el contenido de origen. Puede hacerse manualmente, con herramientas automatizadas que aplican métodos lingüísticos, estadísticos y semánticos para clasificar términos candidatos de una o varias palabras, o combinando ambos enfoques. La frecuencia es un factor útil, pero términos de vital importancia que aparecen con poca frecuencia, como entidades, abreviaturas y expresiones específicas del sector también pueden exigir control.

    Los resultados de la extracción de términos son un listado de candidatos, no una base de datos terminológica. Cada candidato debe validarse antes de integrarse en el vocabulario controlado. Saltarse este paso es un error que solemos detectar.

    Definición de términos, documentación del contexto y guía de uso

    Para la mayoría de las entradas de conceptos, un término sin definición o, al menos, un contexto de uso documentado, es una entrada incompleta.

    La definición describe el concepto representado por el término, ayuda a los traductores a distinguirlo de conceptos relacionados y respalda su validación y uso coherentes. En función de la tecnología y la integración, las definiciones y la información contextual también pueden ayudar a la traducción mediante IA. Las guías de uso añaden una capa más: ¿dónde aparece este término y dónde no? ¿Es específico de la documentación del producto o se aplica a distintos tipos de contenidos?

    Esta documentación es la parte de la gestión terminológica en la que las empresas no suelen invertir lo suficiente. Una base de datos terminológica basada exclusivamente en nombres de términos y equivalentes en la lengua meta, sin definiciones ni contexto, puede no ofrecer a los traductores, revisores o sistemas de IA información suficiente para aplicar la terminología correctamente. Puede crear una apariencia de normalización, pero carecer de la base para ello.

    Validación y aprobación: obtención de la aprobación de expertos en la materia

    Las decisiones terminológicas no deberían hacerse sin prever una ruta de validación adecuada. El tratamiento correcto de un nombre de producto o de un concepto técnico puede requerir la perspectiva de personas que sepan lo que significa realmente dicho concepto: ingenieros de producto, redactores médicos, asesores jurídicos, gestores de marca, terminólogos cualificados o especialistas lingüísticos nacionales, en función del riesgo y del campo temático.

    Los flujos de trabajo de validación integran a los revisores adecuados en el proceso de aprobación. Cada término candidato se revisa en un nivel proporcional a su riesgo, la designación propuesta en el idioma de destino se confirma o corrige y la entrada aprobada se incorpora a la base de datos.

    Esta fase puede ralentizar el desarrollo inicial, pero vale la pena. Una base de datos terminológica creada sin la validación adecuada puede acumular errores que se propagarán a lo largo de futuros proyectos de traducción y, si la terminología se utiliza en el entrenamiento o perfeccionamiento de datos, a través de sistemas de IA personalizados, basados en dichos datos.

    Integración con sistemas de gestión de la traducción

    Una base de datos terminológica que se utiliza de forma aislada es un activo infrautilizado.

    Para aprovechar todo su valor, debe integrarse en las herramientas de traducción que los traductores utilizan a diario, incluyendo los sistemas de gestión de la traducción y herramientas de traducción asistida por ordenador, que sugieren la terminología en tiempo real a medida que el traductor trabaja. Cuando la integración funciona, un traductor que trabaja en un documento puede ver un término marcado, la traducción aprobada, la definición y la guía de uso en contexto, en el momento de tomar una decisión. Aquí es cuando la gestión terminológica puede prevenir errores de verdad.

    La integración también permite automatizar el aseguramiento de la calidad: comprueba los segmentos traducidos marcados en los que aparece un término original pero no el término de destino aprobado. Esto permite detectar errores terminológicos antes de que los archivos salgan del flujo de trabajo. Las comprobaciones necesitan ajustes: los términos aparecen de forma declinada, compuesta y derivada, de modo que en idiomas morfológicamente ricos, un resultado de secuencia literal genera falsos positivos. Los resultados basados en lemas o concordancias parciales, junto con variantes registradas del término, hacen que la comprobación sea lo suficientemente fiable para que los revisores no acaben ignorándola.

    Funcionamiento de la gestión terminológica en la práctica

    Creación de una base de datos terminológica de cliente desde cero

    Lo primero es realizar un análisis del contenido. Identificamos los tipos de contenido con mayor prioridad, los que presentan un mayor volumen, los requisitos de calidad más exigentes o la mayor sensibilidad normativa y extraemos los términos candidatos de dicho contenido.

    La lista de candidatos se somete a un triaje exhaustivo: se determina qué términos son específicos del sector y requieren una traducción controlada y cuáles son vocabulario general que no necesita someterse a una gestión terminológica. A continuación, la lista filtrada se somete a revisión por parte del experto en la materia, que se encargará de la validación y definición.

    La estructura inicial no suele ser exhaustiva. El planteamiento práctico es iterativo: se empieza con los términos de mayor prioridad, se aprueban e integran y, por último, se expanden a medida que surgen candidatos adicionales a partir de nuevos proyectos. Una base de datos terminológica funcional con 300 términos validados suele ser más útil que una base de datos terminológica en construcción con 3000 entradas dudosamente documentadas. En la práctica, la regulación y la calidad de los datos importan más que el tamaño en sí mismo.

    Gestión terminológica en distintos idiomas de manera simultánea

    La gestión terminológica empresarial a gran escala implica la aprobación de traducciones en docenas de idiomas. El reto no es una mera cuestión de volumen. Es un reto de regulación.

    Las entradas terminológicas necesitan ser validadas por expertos en la materia en cada mercado objetivo correspondiente, en lugar de basarse exclusivamente en traducciones derivadas del idioma original. Un término médico con un equivalente claro aprobado en alemán puede tener dos traducciones contrapuestas en portugués de Brasil, cada una de ellas utilizada por comunidades profesionales diferentes. Resolver esta decisión puede implicar recurrir a un experto local en el idioma y la materia en cuestión, así como consultar fuentes acreditadas, en su caso.

    La gestión de bases de datos terminológicas multilingües exige una norma definida: quién aprueba las entradas en cada idioma, qué proceso de escalada se aplica en caso de traducciones controvertidas y cómo se propagan los cambios en los términos originales a las entradas en los idiomas de destino.

    Actualización y mantenimiento de la terminología a lo largo del tiempo

    Una base de datos terminológica no es un documento estático. Los productos evolucionan. La terminología normativa cambia. Las marcas cambian de posicionamiento. Los productos descatalogados implican que sus términos se marquen como obsoletos.

    Para los programas de traducción mediante IA, el mantenimiento reviste una importancia especial. Una base de datos terminológica que no se haya actualizado durante dos años puede provocar que un sistema aplique terminología que ya no refleje el lenguaje actual de la organización si ese sistema se basa en el recurso desfasado. Actualizar la base de datos terminológica garantiza que el recurso terminológico sea el que se use en ese momento; el sistema de traducción reflejará esas actualizaciones solo si consulta la base de datos terminológica en el momento de la inferencia o si se vuelve a configurar, actualizar o entrenar de la manera adecuada.

    El mantenimiento exige un proceso definido: cómo se presentan, se revisan y se aprueban nuevos términos candidatos, cómo se gestionan los términos obsoletos en memorias de traducción existentes y cómo se gestiona el ciclo de actualización en los distintos idiomas. Si no se sigue este proceso, la base de datos terminológica queda anticuada por defecto.

    Regulación: ¿de quién es la base de datos terminológica?

    La regulación de la base de datos terminológica define las normas que rigen las decisiones terminológicas. Sin ella, la base de datos pierde el rumbo. Los distintos traductores añaden entradas que no se someten a validación. Las traducciones contradictorias se acumulan. La autoridad de la base de datos se va menoscabando hasta que pasa a considerarse una sugerencia, en lugar de un estándar.

    En un modelo de regulación funcional, se define un responsable del programa, revisores expertos en la materia en cada área temática correspondiente, revisores del idioma de destino responsables de la validación de las traducciones en sus mercados y un proceso de gestión de cambios para actualizaciones y retiradas de términos obsoletos. No es necesario que sea complejo. Debe ser coherente.

    ¿Qué buscar en las herramientas de gestión terminológica?

    Bases de datos terminológicas frente a módulos terminológicos integrados en TMS

    Dos configuraciones habituales son las bases de datos terminológicas independientes y los módulos terminológicos integrados en TMS. Las bases de datos terminológicas independientes ofrecen funcionalidad exclusiva para la creación, gestión y exportación de datos terminológicos. Los módulos terminológicos integrados en TMS ofrecen herramientas de gestión de bases de datos terminológicas integradas en la plataforma de gestión de la traducción existente. En cada uno de los casos, es preciso comprobar que la plataforma admita la importación y exportación en un formato de intercambio de información como TBX (ISO 30042), de modo que puedan transferirse datos terminológicos estructurados entre distintas herramientas sin perder los metadatos, y no solo una lista de términos en formato plano.

    La elección adecuada dependerá de la complejidad y la escala. Para programas más grandes con requisitos de regulación complejos y múltiples flujos de contenido, una base de datos terminológica exclusiva con integración de TMS definida ofrece una mayor flexibilidad. Para programas de menor envergadura en los que la simplicidad importe más que la personalización bastará con un módulo integrado.

    Acceso para múltiples usuarios, flujos de trabajo aprobados y controles de permisos

    Las plataformas de bases de datos utilizadas en contextos empresariales necesitan acceso simultáneo de múltiples usuarios con distintas funciones: traductores que visualizan y utilizan las entradas, gestores terminológicos que proponen nuevos términos, expertos en la materia encargados de revisar y aprobar y administradores que gestionan la configuración del sistema.

    Los flujos de trabajo de aprobación definen el proceso al que se somete cada entrada de un término nuevo o modificado, desde el estado de propuesto a aprobado. Los controles de permisos impiden que se realicen cambios no autorizados en entradas aprobadas. Ambos elementos adquieren más relevancia a medida que crece el número de personas que interviene en la base de datos terminológica.

    ¿Cómo abordamos la gestión terminológica en Seprotec?

    La gestión terminológica es un componente estándar de cada programa de traducción empresarial que diseñamos. Creamos bases de datos terminológicas del cliente a partir del contenido fuente, gestionamos el flujo de trabajo de validación con expertos en la materia e integramos la base de datos terminológica en nuestras soluciones de gestión de la traducción, de modo que tanto los traductores humanos como los sistemas de IA tengan acceso a la terminología aprobada en cada fase.

    Para los clientes que utilizan Seprotec.ai, la base de datos terminológica aprobada es un elemento importante del proceso de personalización del motor. Cuando se utiliza la terminología para preparar u organizar el entrenamiento y perfeccionar los datos, ayuda a consolidar los patrones lingüísticos específicos del cliente y los términos aprobados. En los casos en los que la terminología se aplica en el momento de la inferencia, también puede orientar o limitar el resultado sin necesidad de que dichos términos estén integrados de manera permanente en el propio modelo.

    También aplicamos un proceso de aseguramiento de la calidad terminológico automatizado después de la generación, que coteja los segmentos generados por IA con la base de datos terminológica aprobada antes de que lleguen al poseditor humano. De esta forma, se puede reducir el trabajo de corrección y mejorar el uso coherente de la terminología normativa y de la marca. Se trata de una capa de control complementaria, no de un reemplazo de los procesos generales de calidad o revisión humana, cuando son necesarios.

    Errores de gestión terminológica en detrimento de la calidad y el coste para las empresas

    Comenzar la gestión terminológica tras el primer proyecto de traducción

    Un error común en programas de traducción empresariales es abordar la gestión terminológica después de completar un primer proyecto de envergadura. Para cuando se finalice el proyecto, habrá diferentes traductores que habrán tomado cientos de decisiones terminológicas, y algunas de manera conflictiva entre ellas.

    Empezar antes del primer proyecto, aunque sea con una base de datos terminológica mínima, de alta prioridad, otorga al programa una base controlada sobre la que trabajar. Para aquellas empresas que tengan previsto aplicar traducción mediante IA, empezar antes de generar los datos de entrenamiento de la TA ayuda al corpus de entrenamiento a reflejar la terminología controlada desde el principio. Seguir el orden incorrecto puede implicar trabajo de limpieza de terminología, corrección de los datos de entrenamiento, actualizaciones de glosarios, reconfiguración de modelos o un nuevo entrenamiento, en función de la arquitectura del sistema.

    Crear una base de datos terminológica sin un modelo de regulación

    Una base de datos terminológica sin regulación acaba quedando desfasada. Sin un proceso definido de validación de nuevos términos, aprobación de entradas en la lengua de destino o retirada de términos obsoletos, la base de datos terminológica pierde precisión y autoridad.

    La regulación no debe ser necesariamente compleja. Un responsable de la base de datos terminológica, un proceso de revisión definido para nuevas entradas y un ciclo de mantenimiento periódico proporcionan la estructura necesaria para garantizar que la base de datos terminológica siga resultando útil con el paso del tiempo. La frecuencia de revisión correspondiente dependerá del riesgo terminológico, del volumen de contenido, de los cambios de productos y de los requisitos normativos.

    Saltarse la fase de validación por parte de un experto en la materia

    Los traductores expertos aportan importantes conocimientos del área temática y, en muchos campos, son lo más parecido a un experto en la materia que tiene un proyecto. Aun así, no siempre se encuentran en la posición de resolver una cuestión técnica o normativa por sí mismos, y no se les debería pedir que asumieran esa responsabilidad por su cuenta. Un traductor especializado en contenido de productos sanitarios puede tomar una decisión terminológica que sea razonable desde una perspectiva lingüística, pero que sea técnicamente incorrecta debido a que el término adecuado se define de acuerdo con el contexto normativo que rige dicho dispositivo y no por el vocabulario médico general.

    Una validación temática adecuada permite detectar errores técnicos de alto riesgo antes de que se propaguen. Saltarse este paso aunque sea necesario para ahorrar tiempo puede generar problemas de calidad y, potencialmente, problemas con los datos de entrenamiento de IA que resultará más costoso subsanar a posteriori.

    Tratar la base de datos terminológica como un documento terminado

    Las organizaciones que crean una base de datos terminológica, la consideran terminada y nunca la revisan acaban viendo cómo esta se convierte en una desventaja. Los productos cambian. Las normativas se actualizan. El posicionamiento de la marca evoluciona. Una base de datos terminológica que refleje el vocabulario de hace tres años compromete la calidad de los proyectos de traducción actuales y, si se usa para preparar datos de entrenamiento o perfeccionamiento, propagará la terminología obsoleta a los sistemas de IA que se hayan personalizado tomándola como referencia.

    Un mantenimiento periódico, complementado con revisiones basadas en eventos tras lanzamientos de productos importantes, cambios de marcas o actualizaciones normativas, mantiene la base de datos terminológica sincronizada con el estado actual de la organización. No se trata de un coste extra. Es lo que hace que la base de datos terminológica siga teniendo valor.

    Preguntas de los equipos de traducción sobre la gestión terminológica

    ¿Cuál es la diferencia entre un glosario y una base de datos terminológica?

    En la práctica, los conceptos de glosario y base de datos terminológica pueden solaparse. Un glosario suele ser una recopilación sencilla de términos, definiciones y equivalentes, mientras que, por lo general, una base de datos terminológica es un repositorio regulado y más estructurado, que puede incluir múltiples designaciones por idioma, definiciones, guías de uso, fuentes, información de estado y metadatos del flujo de trabajo. Ambas herramientas pueden ser multilingües y procesables, en función del formato y de la integración.

    Muchas organizaciones empiezan con un glosario sencillo que evoluciona hasta convertirse en una base de datos terminológica compleja, a medida que su programa de traducción madura. Esta evolución vale la pena cuando el programa necesita una regulación más estricta, metadatos, interoperabilidad e integración con el flujo de trabajo. Los datos terminológicos estructurados también pueden ser procesados por sistemas de traducción mediante IA si la plataforma e integración específicas lo admiten.

    ¿Cuántos términos suele necesitar una base de datos terminológica?

    No existe una respuesta única a esta pregunta. Un ámbito técnico especializado con un vocabulario controlado puede necesitar tan solo unos pocos cientos de términos, definidos y validados con cuidado. Una línea de productos de una gran empresa con distintos sectores podría necesitar varios miles.

    Empiece por los términos que tengan un mayor impacto en la calidad y el cumplimiento, y siga a partir de ahí. La calidad es más importante que la cantidad. Una base de datos terminológica con 300 términos validados y bien definidos puede ser más valiosa para los traductores humanos y la personalización de la IA que una con 3000 entradas dudosamente documentadas. Basándonos en nuestra experiencia en gestión de programas terminológicos empresariales, una base de datos terminológica más pequeña, pero bien controlada suele ofrecer un mayor valor práctico que una más grande, pero sin documentar.

    ¿A quién corresponde la propiedad y el mantenimiento de la base de datos terminológica?

    La responsabilidad de una base de datos terminológica suele corresponder de manera natural al equipo de localización o al gestor del programa de traducción, con un equipo de revisores expertos en la materia nombrado entre los departamentos correspondientes que generan el contenido. En aquellas organizaciones que carecen de un departamento de localización exclusivo, la gestión de la base de datos terminológica suele recaer en el socio proveedor de servicios de lingüísticos o de localización. En ese caso, los acuerdos de regulación deberían definir de manera expresa la responsabilidad, concesión de licencias, portabilidad, usos permitidos y derechos relacionados con la fuente y la terminología de terceros, de modo que el cliente conserve el nivel de control y los derechos de reutilización que requiera el programa.

    ¿Cómo permite la gestión terminológica reducir los costes de traducción?

    De tres maneras diferentes. Los traductores pueden trabajar más rápido si pueden visualizar los términos aprobados en la lengua de destino en tiempo real. Una terminología coherente en la lengua original y unos textos propios controlados permiten mejorar el aprovechamiento de las memorias de traducción al reducir los cambios innecesarios en los segmentos de origen, mientras que la terminología coherente en la lengua de destino mejora la fiabilidad de las traducciones recuperadas. Los ciclos de revisión también pueden reducirse si se previenen los errores terminológicos en las fases iniciales del flujo de trabajo, en lugar de tener que detectarlos posteriormente, en la fase de revisión.

    Para los programas de traducción mediante IA, la reducción de costes puede ser más directa si un sistema bien personalizado aplica la terminología correcta de forma más uniforme y reduce el esfuerzo de posedición. Por consiguiente, las inversiones en terminología pueden mejorar el rendimiento de la TA o la traducción mediante IA en futuros proyectos, siempre que la terminología se integre, supervise y mantenga de forma efectiva.

    ¿Qué es un terminólogo? ¿Necesitamos uno?

    Un terminólogo es el especialista encargado de gestionar el flujo de trabajo de la terminología: extrae candidatos, elabora definiciones junto con expertos en la materia, mantiene la integridad de la base de datos y regula los procesos de aprobación. En empresas grandes con requisitos terminológicos complejos, un terminólogo exclusivo es una inversión rentable.

    Para la mayoría de los clientes empresariales, la gestión terminológica se integra en un programa de localización más amplio en el que se recurre a revisores expertos en la materia cuando se necesita. Un terminólogo a tiempo completo es un recurso valioso si el volumen y la complejidad de las decisiones terminológicas pueden gestionarse junto con otras responsabilidades en materia de localización. Si está construyendo o reconstruyendo un programa de traducción y quiere entender cómo encaja la gestión terminológica en el diseño, póngase en contacto con nosotros. Esta suele ser una de las primeras conversaciones que tenemos.

    Nota de transparencia
    En la elaboración de algunos de los contenidos publicados en este blog pueden utilizarse herramientas de inteligencia artificial como apoyo. Todos los contenidos son revisados, adaptados, verificados y aprobados por el equipo de Seprotec, que asume la responsabilidad editorial de su publicación.

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